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Han pasado quince años desde que hubiera debates electorales entre el candidato del PSOE y del PP. Quince años desde que el PP aceptara debatir. Entonces, Felipe y Aznar. Hoy, Zapatero y Rajoy. Han pasado quince años de negativas de la derecha a debatir con los socialistas. 

Hay datos que nadie puede cuestionar. Todas las encuestas, todas, proclamaron vencedor del debate a José Luís Rodríguez Zapatero. Él mismo había dicho que no quería tanto vencer, como convencer. Según las encuestas ha vencido, pero también convencido. Zapatero ha expuesto y contrapuesto su proyecto, el de los socialistas, al proyecto de la derecha. Más bien al no proyecto de la derecha.

Rajoy se ha pasado el debate haciendo lo que mejor sabe hacer: crispando, tensionando y diciendo NO a todo y a todos.  Rajoy pretendió presentar una España que no es. Una España que se rompe. Una España que no avanza. Una España sumida en la desintegración y la disolución. Rajoy presentó, sencillamente, una España que no es. 

Frente a él Zapatero explicó la gestión de estos últimos cuatro años. Habló de todo lo hecho, de los avances en políticas sociales. Habló de los nuevos derechos y libertades. Puso en su sitio a Rajoy hablando claro de todas las cosas que ha dicho y ha hecho. Incluso dejó a Rajoy ante su propia historia: por todos los Ministerios por los que pasó en la época de Aznar, se limitó a recortar el gasto de esos ministeios para con la gente: cuando fue Ministro de Educación, redujo las becas. Cuando fue Ministro de Interior, redujo el número de policías… ahora que quiere ser Presidente, nos tememos, lo quiere reducir todo. 

Zapatero convenció y venció. Fue más cercano y más humilde. Demostró que está más cerca de la gente. Demostró, en fin, que su proyecto de gobierno cree más en España y en los que vivimos en ella, que la catástrofe de Rajoy.